Cuando empezaste a morir, toda mi realidad se resquebrajó. Sí, ya sé, pero te puedo asegurar que suena más homosexual de lo que en realidad fue. Recuerdas, nos conocimos en la universidad, y desde el primer día nos hicimos inseparables. Tú con tu muy correcta forma de ser, yo con mi disolutez fingida, un par de amigos forjados en las diferencias propias.
Aquella noche en que Ana me llamó y entre gritos desconsolados me dijo que -se nos muere Raúl-, fue como si hubieran descargado una mandarria en mi cabeza. PUM! Y silencio y oscuridad y un vahído que me obligó a sentarme. No sé si fue por rabia o por desesperación, pero aquella noche un cigarrillo precedió al otro y al otro y al otro, mientras que con la mirada perdida en el vacío recordaba a ese hermano que ahora se me iba irremediablemente.
-Coño, y coño, me vas a matar con ese humo- Decías cada vez que encendía un cigarrillo. -No te preocupes, si acaso nos morimos juntos.- Pero no nos moríamos juntos esa noche, yo me quedaba en la vida y con la fuerza, la salud y el mismo cigarrillo encendido en mi boca, mientras tú te secabas lentamente en esa maldita cama de hospital.
-Voy- Cantó una voz desde dentro luego que toqué el timbre. Recuerdo que te fui a buscar para ir al cine con Amanda y Laura, recuerdas la cara de estúpido que puse cuando tu hermana abrió la puerta con ese vestido de lino blanco que tan bien le quedaba, y con sus ojos café, con su pelo lacio y salvaje. Claro que lo vas a recordar, si lo primero que me dijiste fue que ni se me ocurriera, y te lo juro ahora que ni lo intenté, por ti hermano, porque iba a ser extremadamente extraño el llamarte cuñado.
Y fue justo ella quien me recibió afuera del hospital, con otro vestido blanco, y otros ojos café y otro pelo indomable y lacio. -Ana- solo alcancé a decir antes de que sus brazos se cerraran alrededor de mi cuello y los dos ríos café confluyeran en mi hombro formando un mar de dolor y frustración y respuestas sin contestar. Allí nos quedamos por toda una eternidad, abrazados, buscando un consuelo que sabíamos que no nos podíamos brindar, nunca más.
-Me voy a comprometer con Amanda.- A veces creo que lo preparaste todo, yo con la taza de café caliente justo en mi boca, tú saltándome con eso, yo con el café en todas partes cafeinizando mi turbación y mi alegría y mis escondidos celos por tu felicidad.
-Pues felicidades, cuando lo vas a hacer?-
-En la cena de esta noche en casas de Laura.-
-Te juro que si alguien me pregunta que cuando lo hago yo, te mato.- Recuerdas cuanto nos reímos y cuanto disfrutamos aquella noche en que por supuesto tanta gente me preguntó que cuando me tocaba a mí.
Los primeros días, todo fue duda y frustración. –Puede salir de esta, mucha gente logra mejorarse.-, -El dinero no es problema.- y tanta gente yendo y viniendo por todas partes, y yo sentado afuera de la habitación mirando al vacío o fuera del hospital con un cigarrillo en la boca mirando al vacío, si es que realmente se le puede mirar a los ojos a esa absoluta carencia de algo.
-Sabes que esto te puede matar?- Me dijo esa voz tan lamentablemente conocida.
-Bueno como van las cosas creo que es esto lo que me mantiene sano.-
-Cómo estás?-
-Excelente Amanda, excelente. Y a ti y a tu novio como los trata la vida?-
-Sabes que no es tu culpa, fue simplemente
-Simplemente qué? Seguro que tú te debes de sentir aliviada de no haberte casado con un moribundo eh?-
Sabes que con todo tu ser correcto y no hacerle daño a nadie nunca te había visto llorar. Pero decía una lesbiana que una vez me quiso conquistar, que no hay dolor más terrible que el causado por un gran amor.
Llovía a cántaros, sábado en la tarde. Justo cuando me proponía a recorrer el cuerpo de Gina, alguien golpeó mi puerta. Por alguna extraña razón me sonó a Edad Media e inquisición.
-Ignóralo querido.- Y como no ignorarlo cuando te lo gimen en la oreja de esa manera, pero la puerta seguía y seguía mientras ella recorría mi cuello con su lengua y la puerta y sus manos y la lluvia cayendo a cántaros, y ella arañando mis piernas y el NOC, NOC, NOC, y ella y yo y al final tuve que saltar de la cama, huyendo de esa trampa perfectamente deseable de placer y lujuria.
-Dame un segundo Gina, tiene que ser algo importante para que toquen con esa insistencia.- Pero ese segundo estaba destinado a convertirse en un día y una noche que duró 7 meses más de lo acordado.
Estabas ahí en la puerta, empapado en lágrimas o en gotas de desesperación, todo el pelo en la cara, el trasfondo oscuro, mojado, amenazante.- Acabo de ver a Amanda con otro- Y los llantos desesperados y Gina empeñada en hacernos café y nosotros empeñados en ahogarnos en esa botella de whiskey que yo guardaba para ocasiones especiales.
Oh Raúl, ahora que lo pienso creo que realmente te empezaste a morir esa tarde, creo que fue ahí cuando decidiste darte por vencido aún cuando te decía que todo iba a estar bien, que la ibas a olvidar. Pero sé que nunca me creíste, tú y tus absolutos, tu amor absoluto, tu mujer absoluta, tu dolor absoluto, tu muerte absoluta.
-No te preocupes viejo, así es que tiene que pasar.- Claro que me ibas a decir eso, tú y tu maldito estoicismo, pero claro que tú no te veías allí tirado en esa maldita cama, alejado de tus deportes, alejado de tu trabajo, seco y demacrado, más una mala imitación anoréxica de ti mismo, que el hombre que una vez conocí.
-No te apures, todo va a estar bien, con lo avanzada que está la medicina estarás fuera de esta cama en un par de semanas.- Por supuesto que te tenía que decir eso, claro que te tenía que dar ánimos, coño Raúl te nos morías ahí en esa cama, que otra cosa te iba a decir?
-Viejo, no me mientas, ese no eres tú. Solo te pido que cuides de mami aunque sea hasta que yo muera, ya Ana tiene a su esposo, pero mami está sola.-
-Claro que la voy a cuidar, pero solo hasta que te mejores Raúl, solo hasta que te mejores.- Me agarraste la mano con ese grupo de huesos y piel que una vez fueron tus manos y me trataste de reconfortar con una mueca que quise creer que fue una sonrisa.
Salí y lloré, lloré cuando Amanda me vino a consolar y la insulté, lloré cuando salí a gritarle a los dioses bajo la lluvia bajo la lluvia, lloré porque en toda tu maldita vida nunca dañaste a nadie y ahí te nos morías mientras yo encendía un nuevo cigarrillo.
Nunca te dije que durante semanas perseguí al nuevo novio de Amanda, como tampoco te dije de cómo le partí la cara y lo mandé derecho al hospital con unos cuantos recuerdos de mi parte. Pero no te preocupes él nunca supo qué pasó, fue, llamémosle, una venganza silente, sin implicados, solo con víctimas y mucha satisfacción. Sé que nunca me hubieras dejado hacerlo, pero ya ves, para eso es que están los amigos, para hacer lo que tiene que ser hecho.
-Puedes dormir aquí, pero de verdad que no tienes que hacer esto, estoy bien- Me dijo tu madre mientras me abría la puerta de tu habitación.
-Raúl me lo pidió, además Ana no puede quedarse por lo del bebé y el esposo. Yo sí puedo, así que dejémoslo así. – Mientras la confortaba con una sonrisa.
Recuerdo que tu madre siempre desconfió de mí, decía que yo era mala influencia, que le iba a dañar a su bebé. Pero ya ves, aún cuando traté y traté nunca me fue posible. Tal vez si te hubieras dañado un poco esto no hubiera pasado, pero qué más da.
Dos semanas más y tu muriéndote cada día más, los médicos no tenían explicación de que carajos te estaba pasando ni a donde iba a terminar aquella jodida película de suspenso animal.
-Cómo coño usted se atreve a decirme que no hay nada que puedan hacer, si quiere lo busco en google y le digo qué es lo que tiene que hacer. Maldito curandero.- Le grité a tu médico mientras Ana me sacaba del hospital.
-No es culpa de ellos, están tratando de hacer lo mejor. Todo está en las manos de Dios.-
-Ana, déjalo ahí. Sabes muy bien que para mí Dios y Peter Pan están en la misma categoría. Eso es lo que más me rejode, que no hay nadie a quien culpar por esta mierda.-
-No blasfemes por favor.-
-Que va a pasar, me va a dar Cáncer?- Le pregunté mientras encendía un cigarrillo y me alejaba de ella.
Todo estaba tan confuso en mi cabeza, 2 semanas sin pegar un ojo, demasiados cigarrillos y demasiados tragos en mi cuerpo y tu ahí muriéndote a plazos, arrastrándonos a todos nosotros por el valle de la oscuridad, sumergiéndonos en un lugar al que tanto miedo siempre le tuve, ese jodido pozo del que es tan difícil de salir.
Ah, pero esa noche nunca se me va a olvidar. Ana y su esposo se quedaron con lo que quedaba de ti en el hospital, mientras Lucía (te dije que tu madre me hizo llamarla por su primer nombre) y yo nos íbamos para la casa a descansar. Llegamos y ella sacó ese whiskey que guardaba para ocasiones especiales.
-Estás muy agitado y yo muy cansada, te aseguro que esto nos va ayudar a dormir mejor- Y hablamos y hablamos hasta que el litro y nuestras consciencias desaparecieron. Lucía me contó su vida en 349 palabras, sin comas ni signos de puntuación. Yo le conté la mía en 8, con comas, puntos y un gran signo de interrogación al final.
Al final, luego de mucha risa (es tan extraño cómo nos podemos substraer de la realidad por momentos y caer en esas neblinas existenciales que nos permiten reír entre la desgracia y llorar entre la felicidad) llegó la hora de dejar la realidad a un lado y morir durmiendo. Lucía me acompañó hasta tu habitación
-Qué voy a hacer ahora, sin hijos, sin juventud, sin nadie a mi lado.-
-Ah, no digas eso Lucía. Todavía eres una mujer joven y hermosa.-
-De verdad lo crees?- Y en sus ojos había tanto dolor y tanta pasión y tantas ganas de creer que lo que yo decía era verdad, de creer que nada de lo que estaba pasando realmente estaba pasando, de que todo era un sueño, de que era joven otra vez, esa mirada que tantas veces antes he visto. Y yo con tanto alcohol y tanto sufrimiento y tantas noches sin dormir y tanto yo habitando dentro de mí.
-Claro que eres hermosa.- Le dije mientras la besaba, mientras me sumergía en su pelo y su dolor, mientras sus dedos recorrían mi pecho rompiendo los botones de mi camisa, mientras mi boca marcaba con besos su cuello y sus senos y su vientre, mientras su mano se aferraba a mi pene y lo besaba con fascinación y experiencia, mientras nos fundíamos uno sobre el otro hasta explotar de sexo y pasión y dolor. Y justo ahí, luego del último orgasmo, del último gemido, sonó el maldito teléfono.
-Raúl acaba de morir- Me lloró Ana en el oído. Cómo decirle a Lucía, desnuda y venida a mi lado, que te acababas de morir, con qué fuerza o descaro podía yo hacer eso. Pero no hubo necesidad, ella lo leyó en la estúpida expresión de mi rostro y empezó a gritar.
Fui hacia ella –Lucía-, -Noooo, aléjate de mí, que hemos hecho? Lárgate de aquí.- Y entre puños y gritos desgarradores me puse la ropa y salí de tu habitación, de tu casa, de tu vida que ya había dejado de ser tu vida y se había convertido en todo nuestro sufrimiento y nuestro dolor y nuestras ganas de no seguir viviendo solo para dejar de doler.
Pensé en ir al hospital pero sabía que tu madre me repudiaría, con toda su razón. Mientras su hijo moría, ella se venía con tu mejor amigo y en tu cama. Qué más daba, ya estabas muerto, ya no ese que eras tú había dejado de ser tú, así que qué más da, ya no eras el que era, si no el resultado de esa maldita muerte lenta que nos había azotado a todos.
Caminé y caminé por días que en realidad fueron horas, que en realidad nunca supe cuanto fueron, hasta que por fin llamé a la única persona que sabía no me iba a insultar.
-Amanda, soy yo, cómo están todos?-
-Acaso no sabes lo que pasó?-
-Sí, se que Raúl murió, te pregunto por Ana y Lucía, como lo han tomado?.-
-Entonces no sabes? Doña Lucía no lo pudo aguantar y... La encontraron desnuda en la cama de Raúl, con las venas abiertas de un tajo. Se desangró hasta morir y...-
Su voz se difuminó mientras el celular caía al piso, junto con lo que quedaba de mi sanidad. La pude imaginar, desnuda y venida, dolida, perdida, luchando contra el dolor y la culpa, maldiciéndome, reprochándose su “debilidad”, su estar copulando en el momento en que su hijo se alejaba de la vida, acto creador en plena escena de muerte.
Ah Raúl, y es así como he venido a parar aquí, en tu tumba. Una vez me dijiste que realmente pensabas que algún día me ganaría el cielo, dijiste que no era tan desgraciado y maldito como otros pensaban, dijiste que la vida tenía un sentido del humor un poco negro y que al final siempre existiría algo que me salvaría y me abriría las puertas de la redención.
Es por esto que he venido Raúl, es por esto que tengo este revolver y esta bala que guardaba para una ocasión especial, es así como vengo a ponerlo todo en tus manos hermano, mis pecados y mi salvación, es tu llamada. Ya morir o vivir realmente me sabe igual, que va a ser Raúl salvación por medio de una bala o redención por medio de la vida... te toca a ti decidir...
Click.
1 comentarios:
Otro nivel. Este cuento está de pelicula.
Publicar un comentario en la entrada