19/01/2012

El Cigarrillo


Y todo empezó con un cigarrillo…

Ella entró al café en el que estábamos reunidos. Hola Paloma, dijo Gabby, estos son unos compañeros del trabajo. Un placer, dije con mi mejor sonrisa, mi nombre es Arturo. Desde ese momento mi atención se alejó de la inmaterialidad de los tratados antiguos, para concentrarse en la mujer exquisitamente normal que se encontraba frente a mí. Lo único que la diferenciaba del montón era su sonrisa, amplia y radiante. Luego un pelo negro ondulado, unos ojos ovalados del mismo color y una piel canela impecable.

Creo que lo que más me llamó la atención fue la forma en que ella me escuchaba, hombre al fin me dejé llevar por la vanidad y la irracionalidad que acompañan a cada proceso de coqueteo.

No te dejes llevar por los encantos de mi hermanito, le dijo Gabriela a Paloma, él está casado.

Ustedes son hermanos? Preguntó Paloma mientras me miraba pícaramente.

No, pero tenemos siglos conociéndonos, contesté yo mientras encendía un cigarrillo y le encendía uno a ella también.

Hoy me voy a quedar a “dormir” en casa de Gabriela, ya sabes que ella se va de fin de semana, y según tengo entendido ustedes viven en el mismo edificio. Me dijo Paloma unas semanas después. Tal vez puedas subir a hacerme compañía, la soledad me da miedo susurró mientras se alejaba de mí y me picaba un ojo.

Hay tres cosas que un hombre necesita para cometer un error; una, que sea prohibido; dos, que sea peligroso; y tres, que sea mujer. Estos tres elementos se han conjugado para que esta noche yo me lance al vacío sin paracaídas.

Un sentimiento de culpa se mezcla con la anticipación del peligro, adrenalina, miedo, excitación y una buena cena con mi esposa, y unas copas de vino y un buen sexo para rematar, tal vez el mejor.

Veo cómo el humo de mi cigarrillo sube, y lo imagino acariciando a ese cuerpo desnudo que dos pisos más arriba espera, con ansias, con malicia, con lujuria. Ah!, la lujuria, mal heredado de los dioses. Y aún en este momento sé que no debería subir, sé que si voy se iniciará una catástrofe, sé que mi lugar está aquí al lado de la mujer que amo y que me ama, sé que no tengo nada que buscar dos pisos más arriba; Y mientras sé todo esto me levanto y tomo una ducha y me pongo ropa casual y le digo a mi esposa que se encuentra trabajando en la computadora, vengo en un par de horas, voy a chequear el apartamento de Gabby, a alimentar a los gatos esos y a ver el juego en su pantalla gigante, cualquier cosa me llamas al celular; O.K., responde ella seguido de un te amo que me quema la conciencia.

Por alguna razón he decidido subir por las escaleras en vez de tomar el ascensor. Estúpido, pienso, pero lo tomo como un tiempo para meditar mi próxima acción. Mientras tanto una tormenta eléctrica se desata y me asomo por una de las ventanas de la escalera. No veo nada, solo la tempestad, pero creo que hay una figura allá abajo… diciendo adiós? Pero ya se aleja junto con otra figura un poco más alta… deberían de andar con una sombrilla.

Apartamento 401, un nuevo rayo cae y abro la puerta. Claro que sé que está sin seguro, claro que sé que ella está en la habitación, claro que no sabía que ella se viera tan bien con tan poca seda encima. Sus ojos y su sonrisa inician una reacción en cadena que desemboca en una erupción de lujuria que obnubila mi razón. Me sumerjo en su pelo, en la curvatura de su cuello, de sus hombros, de sus caderas. Recorro con mi piel cada centímetro de su cuerpo, sintiéndola, anticipándola y luego entregándome a ella mientras ella se entrega a mí. Deslizándonos por la pendiente de la lujuria y la perdición, dulce e intoxicante camino que suele terminar tan mal.

Ah! El placer, recompensa celestial que nos empuja a conquistar el mundo. Mientras me pongo un cigarrillo en la boca una voz rasga mi existencia. Una excelente función, es una lástima que te hayas desperdiciado en tan poca cosa. Mi esposa!, al girar hacia donde ella veo que ella ya abandona la habitación, me visto en unos segundos y corro detrás de ella.

Y allí, parada en la puerta, con una sonrisa de triunfo, Gabby.

Pero tú estabas de viaje? le digo anonadado y desconcertado. Tú me traicionaste! Grito con furia. No Arturo, tú te traicionaste a ti mismo y me traicionaste a mí, que siempre he estado a tu lado, que siempre te he ayudado, que siempre te he apoyado, que siempre te he deseado, y vienes a caer en esta, bien que te mereces todo esto que te va a pasar, todo lo que vas a sufrir, ahora lárgate de mi casa y no vuelvas hasta que entiendas que yo soy la verdadera mujer de tu vida.

Estoy demasiado confundido para pensar y solo se me ocurre reírme, de su estupidez, de la mía, de su despecho, de mi recién adquirida marca criminal. Bajo corriendo por las escaleras y entro decididamente en mi casa y ahí la veo sentada; tranquila, con una copa de vino y un cigarrillo, disfrutando ambos y luciendo magistral, sublime, una diosa envuelta en la niebla de la inmortalidad.

No malgastes tu aliento Arturo, es mejor que te sientes y disfrutes conmigo una última copa y un último cigarrillo. Me dirige una dulce sonrisa de compasión mientras me siento delante de ella y tomo una copa y un cigarrillo. Tu propia culpa se encargará de hacerte sufrir y créeme esto no me hace nada feliz, pero lamentablemente te lo has ganado, solo espero que sepas dejarme en paz.

Te amo, balbuceo torpemente. Lo sé, yo te amo también, pero una vez te dije que no iba a estar con alguien que me engañara, así que espero que tengas una buena vida. Simplemente nos miramos y un tremendo dolor se fue apoderando de mí ser. Me levanté y abandoné el que había sido mi hogar por varios años.

Los próximos 18 meses me sirvieron para sumergirme en un estado de total anhedonia, y una extraña idea fue tomando más y más fuerza dentro de mí, hasta que un día logró levantarme de la cama. Empujado por una fuerza elemental, primitiva, salgo de la habitación que alquilé y me dirijo a ningún lugar, deseando con cada célula de mi cuerpo el poder ir al pasado y arreglar lo acontecido.

De repente mi mente se va aclarando y poco a poco me doy cuenta de que el mundo no ha cambiado, que solo yo he sido afectado por este año y medio de ostracismo. Largo el cabello y la barba, ando irreconocible, ajeno al mundo. Me dejo arrastrar por el tiempo, hasta que me encuentro delante del viejo café donde todo empezó, lugar mágico y maldito.

En que le puedo ayudar señor? Me pregunta el bueno de Miguel sin siquiera reconocerme. Tráeme un café y un paquete de cigarrillos, siento como si hubiera pasado una eternidad desde el último momento en que me senté en este lugar.

Me refugio en un lugar escondido, lejos de la posible vista de mis amigos, del mundo que ha continuado su curso sin mí. Aquí en esta esquina me pierdo entre el humo de los cigarrillos y lo absurdo de mi dolor. Por momentos escucho la voz de mi grupo, llamándome desde el pasado, reclamando mi presencia, oigo aquellas memorias despidiéndose de mí… pero las memorias no suenan tan nítidas; peor aún, oigo mi propia voz.

Me levanto de repente y corro hacia el lugar de donde vienen las voces y veo mi carro marchándose, conmigo dentro. Algo dentro de mí me da un fuerte apretón.

Miguel, que fecha es hoy? Le pregunto con ansiedad. Hoy es viernes señor, me responde un poco sorprendido. Quiero la fecha, cual es la fecha? Le pregunto al bode de un ataque de pánico.

Hoy es viernes 31 de marzo del 2006 señor.

Un vacío me llena en ese momento, una silla, no lo puedo creer, cómo es posible? Hoy es el día en que mi vida cambió, estoy en el pasado! Luego de unos minutos en los cuales no puedo reaccionar, la fuerza elemental me golpea una vez más, el cómo he llegado aquí no importa, lo que importa es que estoy aquí y tengo la oportunidad de corregir mi error. Veo el reloj en la pared, 6:17pm, faltan como 2 horas antes de que suba al fatídico 401, tengo que correr. Literalmente tengo que correr ya que me doy cuenta de que no tengo si quiera dinero para pagar la cuenta, así que salgo y empiezo a correr en dirección a mi casa.

Uff! Desperdicié todo mi día en el café y a cada paso que doy me siento más lejos de casa. Los pulmones están a punto de reventarme y tengo que parar cada cierto tiempo mientras miro el reloj, 6:45, 7:03, 7:27, 7:42, 8:05…

Ouch! Me duelen hasta los pensamientos. Pero llegué, llegué! He aquí la tormenta, en cualquier momento me voy a asomar por la ventana, tengo que darme prisa…

Tenemos que irnos Arturo!

Eh?! Quien eres?

Vámonos, hablamos de eso en el camino, tenemos una misión que completar. No! Grito mientras un rayo desgarra la oscuridad de la noche, déjame ir tengo que impedir que yo me acueste con Paloma, toda mi vida depende de este momento. Eso no importa ahora. Por más absurda que me sonaran sus palabras, siento como si lo conociera de siempre, como si su presencia no fuera algo extraño, si no algo totalmente común. Arturo, tenemos que movernos ahora, vámonos.

Mientras me retiro miro hacia arriba y con lágrimas en los ojos me digo adiós y me dejo llevar por esa fuerza esencial que de alguna extraña manera me ha traido hasta donde me encuentro. Caminamos, mientras mi mente divaga en la confusión, qué hago aquí, cómo él me conoce, por qué no impedí aquel acto, causa principal por la cual estoy aquí, por qué y por qué tantas cosas, y al final solo me queda la esquizofrenia.

Saco un cigarrillo y me detengo, él se detiene unos pasos después y se vuelve hacia mí, Estoy loco verdad? Nada de esto hace sentido!. Arturo, a mí tampoco me hace sentido, solo sé que tengo que salvar a un niño de morir, solo sé que en el futuro de ahora sentí una fuerza elemental que me empujó a venir aquí y que de casualidad te he encontrado. Y sé por alguna extraña razón que estás aquí, al igual que yo, empujado por un instinto, por una fuerza esencial.

El paisaje es hermoso, una serie de pinos forman como una muralla al lado izquierdo del camino y detrás de estos se esconde una colina, coronada por una hermosa casa, que nos llama, que nos atrae hacia sí. Atravesamos el bosque y nos dirigimos hacia la casa, bañados por la luz de las estrellas, lleno de fuerza esencial, con un propósito, pero sin idea.

Caminamos hacia una vieja cabaña en el medio del bosque. Es aquí, le digo mientras abro una puerta. Dentro, una habitación con estanterías de libros a ambos lados, un escritorio al fondo y un anciano fumando en una silla.

Hola, pasen, en qué les puedo ayudar? Dice el anciano con un exceso de alcohol en la voz.

Habla con el anciano, le digo a mi nuevo compañero, en lo que yo miro alrededor. Mientras él conversa con el anciano voy observando los artefactos de la oficina, libros, relojes, etc. Un calendario, un calendario!... 14 de agosto del año 2041. Qué demonios está pasando, no importa, no importa, no me puedo desenfocar, solo importa la misión.

Y ahí lo veo, un plato de madera colgando de la pared justo al lado de la puerta por donde entramos. En el centro un relieve de un joven, de medio cuerpo, con rayos de luz saliendo desde detrás de él.

Creo que lo encontré, le digo a mi nuevo compañero, no tiene nombre ni fecha, pero algo me dice que es él. Bueno, el anciano me dice que él no tiene mucho tiempo viviendo aquí, que todo esto pertenecía a los antiguos propietarios.

Salimos mientras yo enciendo un cigarrillo, la oscuridad aún nos envuelve, pero ahí, delante de mí se nos aparece una joven de no más de 15 años, mirándonos fijamente y de repente me doy cuenta de que ella sabe quiénes somos. Creo que ella sabe quiénes somos, le digo a mi compañero, pero no puede ser, estamos en el 2041.

No Arturo, no estamos en el 2041, estamos en el 2023, me dice mi compañero mirando fijamente a la joven delante de nosotros. Ella es mi futura esposa, Cristina, vamos a tener 3 hijos

Felicidades le digo melancólicamente, mientras recuerdo mi situación… Pero cuál es el punto, pregunta él, nunca supe que ella viviera en esta casa. Tal vez solo está visitando, mira ya se va, espero que no traiga a nadie con una escopeta, mejor vayámonos, aquí ya no hay nada más. Caminamos hacia la carretera y empezamos a regresar hacia la ciudad, en silencio, lentamente. Vemos cómo el sol se levanta a nuestra izquierda e incendia las nubes cercanas a su punto de salida. El viento, el humo de mi cigarrillo, la luz.

Al llegar a la ciudad me doy cuenta de que él ha desaparecido, me detengo un momento en un puesto a comprar cigarrillos y café y ahí veo la fecha en un periódico, 12 de septiembre del año 2007. Por fin me encuentro en mi tiempo, no pude impedir que mi vida saliera arruinada y no pude salvar al niño ni saber donde estaba. Una sensación de vacío me va llenando, ahora solo me queda la esquizofrenia, la soledad y la culpa.

Mientras arrastro mi vida por la ciudad, veo a un hombre que corre con un niño en un brazo y un arma en la otra, mientras oigo cómo una madre grita de desesperación, de repente oigo mi nombre y corro hacia el hombre que tiene al niño de rehén. Adrenalina, tabaco, un golpe, un sonido ensordecedor, otro, el hombre cae delante de mí, el niño llora a mi lado en el piso, parece estar bien, todo empieza a perder su color, siento un fuerte golpe y me doy cuenta de que he caído al suelo, no sé donde estoy, muero, qué ha pasado en todo este tiempo, ah ya recuerdo, por favor, alguien, un cigarrillo, alguien se conduele de mí y toma un cigarrillo de mi bolsillo, lo enciende y me lo pasa, ese sabor en los labios, a tiempo pasado, a pasiones olvidadas, ese aroma que opaca el olor al tabaco, mi corazón se acelera, lágrimas caen en mi rostro, lágrimas del cielo, ya no puedo ver quién me ha pasado el cigarrillo, quién llora por mí, me voy, un susurro, un ángel me susurra al oído, gracias cariño, gracias.